Jugando a ser otro


¿Te ha pasado que viajas con la intención de conocer una nueva ciudad y terminas con la sorpresa de que ahora te conoces más a ti mismo?

A mi parecer, viajar siempre te hace crecer y aprender pero… ¿Has viajado solo(a) alguna vez? ¡Eso sí es crecer!

Uno de mis primeros viajes sola fue a Dublín. La adrenalina de los preparativos no me dieron chance de pensar en la situación a la que me enfrentaba. Viajar sola a un lugar completamente nuevo y quedarme por primera vez en un hostal. ¡No sabía que esperar de ello! Compartir habitación con gente desconocida, vagar por las calles sin estar segura que tomé el camino adecuado para llegar a mi destino. ¡Uuuff!

En fin, una de mis mejores amigas para animarme me dijo – ¡Tranquila! Viajar sola es muy divertido porque puedes jugar a ser otra persona, quien tú quieras ser; al fin que nadie te conoce.

Entonces comenzó la aventura…

Así pues, me fui a Dublín. La primer noche fui a Temple Bar. Una calle larguísima en el centro en la que encuentras cientos de bares y músicos tocando en cada esquina. Me vi rodeada de gente que iba en bolita con sus amigos y se divertía cantando y bailando con los músicos. Fue en ese momento que la vocecita de mi mejor amiga vino a mí. “Juega a ser otra persona, quien tú quieras ser”.

Entonces me acerqué a los músicos que más me aCastillo de Dublíngradaron, tocaban un set de covers bastante buenos; comencé a cantar y a bailar entre el mundo de gente que me rodeaba sin importarme que mi voz estuviera entonada o que mis pasos fueran los mejores. ¡Fue una noche divertida sin duda!

Al otro día medité acerca de la noche tan increíble que había pasado. Bailé y canté sin pudor, no me importó lo que fueran a pensar de mí pues de algún modo no volvería a ver a esa gente. Y bueno, no sé qué piensen ustedes pero yo ahora pienso que nunca jugué a ser otra persona. Más bien jugué a ser quien yo quería ser  ¡quien en verdad soy! dejé salir a la niña espontánea que disfruta de bailar y cantar como si nadie la estuviera viendo.

Cuando eres extranjero comienzas a darte el chance de ser quien tú decidas pues de todas formas “eres extranjero”, “eres diferente” a los que te rodean. Realmente a más de una persona le gusta quién eres, les pareces interesante, así que sigues siendo libremente tú.

Así fue como aprendí que…

El reto no es “jugar” a ser una nueva versión de ti mientras estás en el extranjero. Lo interesante sin duda es reconocer que eres tú misma pero más natural y libre. Lo mejor en realidad es seguir “jugando” a ser libremente tú.

Esto es lo que me enseñó el viajar sola.

¿Tú qué opinas? ¿Ya jugaste a ser otro(a)? O más bien jugaste a ser libremente tú.

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